Novaro Peñalosa, María Luisa

María Luisa Novaro Peñalosa

Novaro Peñalosa, María Luisa

11 de septiembre, Ciudad de México, México, 1950

   

Directora, guionista y profesora. Nació el 11 de septiembre de 1950 en la Ciudad de México. Estudió la carrera de Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, 1971-1977) y la de Realización Fílmica en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC / UNAM 1980-1985). Además ha desarrollado la docencia de Filosofía y Estética en el CUEC.

Participó, de 1979 a 1982, con el Colectivo Cine Mujer en los documentales Es primera vez (Dir. Beatriz Mira, 1982) y Vida de ángel (Dir. Ángeles Necoechea, 1982). Es ahí donde surgió su interés por el trabajo cinematográfico. Su transición al cine vino a través del Colectivo Cine Mujer, integrado por estudiantes de la escuela de cine de la UNAM. Un grupo del colectivo le pidió ayuda porque sabía que ella había trabajado en los barrios pobres. (...) Novaro trabajó muy de cerca con Sonia Fritz, guionista y editora de éstos [de los cortometrajes]. Con esta experiencia, Novaro descubrió que el documental le ofrecía la posibilidad de hacer el trabajo que había deseado hacer como estudiante de sociología. Así decidió estudiar cine. (Arredondo, Isabel. Palabra de mujer. Historia oral de las directoras de cine mexicanas (1988-1994). Ed. Iberoamericana / Vervuert / Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2001. P. 117)

Como ejercicios escolares realizó algunos cortometrajes en formato de 8 y 16 mm, entre ellos: 7 a.m. (1982), Querida Carmen (1983), Pervertida (1985) y Una isla rodeada de agua (1985), éste último recibió un Ariel (1986) en la categoría Mejor Cortometraje de Ficción y el Premio Especial del Jurado, en el Festival de Cortometrajes de Clermon-Ferrand.

En 1985 trabajó como asistente de dirección de Alberto Cortés en Amor a la vuelta de la esquina. En 1987 realizó Azul celeste, su primer cortometraje en formato de 35 mm, que formó parte del proyecto Historias de ciudad. Por él recibió, en 1990, los premios Quinto Centenario a la Mejor Producción Iberoamericana y Danzante de Oro, en el Festival Filmes Cortos de Huesca, España.

Por el guión de Lola en 1988 la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba, le otorgó una beca para asistir al Taller de guion y dirección y, en junio de 1989, el Sundance Institute le dio una beca para los talleres de Guion y dirección de actores. Sobre esta experiencia, en entrevista con Alejandro Medrano Platas, comentó: Con el guión [de Lola], obtuve una beca para ir a la Escuela Internacional de Cine en Cuba, en un taller que se organizó junto con el Sundance Institute, ahí, tuve asesorías muy importantes. (...) Después, tuve una beca para ir a estudiar al Instituto Sundance en Estados Unidos, donde tuve una formación que es muy rápida, pero muy fuerte, para estructurar más el guión. (...) Durante los talleres, estuve trabajando con Redford, Pollack, Sydney Lumet, Mazurski, Alan Alda y David Putnam, son personas brillantes de las que puedes aprender todo, (...) ahí aprendí eso de ajustar el guión y sacarle jugo a las escenas (Medrano Platas, Alejandro. Quince directores del cine mexicano. Ed. Plaza y Valdés, México, 1999. P. 241)

María Novaro, Aitana Sánchez y Tiaré Scanda en la filmación de la cinta Sin dejar huella (Dir. María Novaro, 2000)

Lola pudo ser filmada gracias al apoyo [150 mil dólares] que recibió de la Televisión Española a través del programa Quinto Centenario. (Ob. Cit. P. 251). Esta película fue distinguida con varios premios nacionales e internacionales: el Coral a la Mejor ópera prima, en el Festival de La Habana (1989); un Heraldo a la Mejor Ópera Prima (1990); tres Arieles (1990) en las categorías Guión Cinematográfico, Ópera Prima y Coactuación Masculina; premio Ópera Prima del Festival Latino de Nueva York (1990) y Premio de Aliento del Festival Internacional de Cine de Berlín (1991), entre otros.

A María Novaro le resultó fascinante estructurar un guión así: Que hablara más de la vida a través de una narración poética mejor que mediante una historia convencional. Sé que era arriesgado, pero estoy contenta de haber armado toda una historia emocional por una vía no tradicional. Siento que es una buena propuesta. (...) Entonces me pareció interesante que una vez planteada la historia, la ciudad fuera cobrando importancia y al final fuera un personaje más, que se desarrollara paralelamente a Lola (María Novaro de Lola a Danzón. Por Víctor Bustos. Dicine. Publicación mensual, No. 40, julio de 1991. P. 10)

Al término de Lola, María y su hermana Beatriz decidieron iniciar con un nuevo proyecto: Danzón (1990). Cuando escribí Danzón fue cuando estaba terminando la edición de Lola, le dije a Beatriz empecemos a escribir la siguiente película sobre lo agradable que resulta ser una mujer sola y como se puede vivir felizmente. Como México está lleno de música y de color, vamos a hacer un personaje que le guste mucho bailar (Entrevista para Escritores del Cine Mexicano Sonoro, junio 2001)

Cuando comenzamos a escribir el guión de Danzón, mi hermana y yo sentimos la necesidad de cambiar totalmente el tono que utilizamos en Lola. En términos muy personales, Lola nos había hecho sufrir mucho (...); realmente la hicimos muy de corazón y nos había desgastado emocionalmente (María Novaro de Lola a Danzón. Por Víctor Bustos. Dicine, publicación mensual, No. 40, julio de 1991. P. 10). Por ello, decidió que su próximo largometraje fuera una suerte de esperanza, la contrapartida del personaje de su primera película. Julia [personaje principal de Danzón] fue el otro lado de la moneda.

Para el guión de esta cinta, María Novaro, tuvo como referencia el cine y la música de los años cuarenta. En esa época tuvieron una fuerza enorme los grandes melodramas mexicanos en el cine y los boleros. Ambos están vinculados históricamente y tejidos dentro del mismo panorama cultural; son como diferentes aspectos de nuestra educación sentimental, de nuestra forma de sentir. Mientras escribía el guión de la película pensaba mucho en la música que he oído toda mi vida. (...) los cuarenta es la época en la que la cultura mexicana se extendió, sobre todo a través del cine y de la música (Arredondo, Isabel. Ob.Cit. P. 137)

Posteriormente realizó El jardín del edén (1993), que retrata las diferentes relaciones que se entretejen en la frontera norte del país. Para la escritura de este guión, María y su hermana Beatriz solicitaron, en 1992, una beca a la Fundación Mac Arthur Rockefeller y con la aportación de ésta trabajaron durante año y medio en Tijuana y en los Estados Unidos (Medrano Platas, Alejandro. Ob. Cit. P. 266). En 1993 realizó también el cortometraje Otoñal.

Fue a partir de un viaje a Tijuana, a un encuentro de cineastas chicanas y mexicanas que decidí empezar a trabajar este guión. Fue el contacto con las chicanas, su cultura y la reflexión sobre lo que le pasa a México del otro lado, lo que me conmovió. (...) se me antojó muchísimo hacer una película en la que el personaje principal fuera esa sensación de la identidad detenida en la frontera y de nuestros sentimientos hacia ella. Por eso surgió la idea de armar varias historias, que nos fueran dando las partes de un rompecabezas de esa frontera que queríamos que fuera el personaje principal (María Novaro. Un clavado en la frontera. Por Víctor Bustos. Dicine, publicación mensual, No. 65, enero-febrero, 1996. P. 24-25)

El jardín del Edén se estrenó en 1994, en el Festival de Venecia. Se exhibió en otros festivales entre ellos: La mujer y el cine, Mar de Plata (1994), Internacional de Biarritz, Francia (1994) e Internacional de Rotterdam, Holanda (1995). Se le otorgó el Premio Glauber Rocha de la prensa Extranjera en el Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana (1994) y el Premio al Mejor Guión Cinematográfico del Festival de Cine de Cartagena (1995).

A María Novaro el cine le permite reflexionar y hablar sobre la identidad mexicana. a mí, me interesa mucho saber cómo somos los mexicanos, más que el asunto de las mujeres en realidad, para mí, la pasión que me mueve hacer películas, es México. Lo veo como mujer, pero es nuestra identidad mexicana, lo que realmente estoy buscando en cada película (Medrano  Platas, Alejandro. Ob. Cit. PP. 262-263)

Por otro lado, le gusta que en sus filmes haya dos historias paralelas: La de los personajes y la de algún México que quiere describir. Es como un método muy personal, no creo que sea la forma común, es la forma como yo escribo y para bien o para mal hay personas a las que les gusta mucho y a otras no. Mis historias tienen un peso en los lugares que se cuentan, el ámbito en el que suceden las historias. El México que está en estas historias tiene un peso casi tan fuerte como la historia misma (Entrevista para Escritores del Cine Mexicano Sonoro).

Así trabajo yo: Mi forma de trabajar es mucho de observación documental, de reflexión social, de no estar casada con una determinada anécdota, sino ver qué voy a encontrar. Y se ve en la película misma, porque lo hago consciente. Con Beatriz nos hemos fortalecido una a la otra, trabajando juntas y muy sinceramente, permitiéndonos nuestra expresión, trabajando realmente en nuestro interior (María Novaro. Un clavado en la frontera. Por Víctor Bustos. Dicine, publicación mensual, No. 65, enero-febrero de 1996. P. 25)

En 1997, colaboró en el largometraje La memoria / Enredando sombras, que se realizó como homenaje conmemorativo por los cien años del cine en Latinoamérica. Donde se reunió, bajo la coordinación de Julio García Espinosa, a un grupo de cineastas latinoamericanos para hacer una reconstrucción del cine de Iberoamérica a través de diferentes cortos [11] de entre 5 y 10 minutos de duración, en donde cada realizador dio su propia visión de los diferentes aspectos del relato fílmico de sus respectivos países. María Novaro abordó todo lo que rodeó a Santa [Dir. Antonio Moreno, 1931], la primera [gran] película sonora de México (Medrano Platas, Alejandro. Ob. Cit. P.273)

En el 2000 realizó su cuarto largometraje, Sin dejar huella. Definida por la propia Novaro como parodia ya que los personajes secundarios son hombres y están un poco caricaturizados, estereotipados. No entiendo como hay quien se asombra cuando el cine está lleno de personajes femeninos estereotipados. Pero cuando uno invierte el juego y el estereotipo se aplica a los personajes secundarios masculinos, sorprende mucho.” Esta road movie relata la amistad de dos mujeres antagónicas. “Pero también es un retrato del país. Otro personaje de la película es México, el contraste del México del norte con el México del sur. Novaro escribió el guión de esta película en un viaje que realizó por el país en su camioneta. (Presentó María Novaro en España su largometraje Sin dejar huella. Por Armando G. Tejeda. La Jornada. Sección Espectáculos, 12 de julio de 2001. P.10A)

Para María es importante documentarse sobre lo que quiere narrar en la pantalla. Vivo la aventura, me lleno de imágenes y luego construyo la historia. Aparentemente es como si no quisiera inventar pero al final termino inventado mucho, creando una historia única. Por ello, necesito conocer muy bien el medio del que voy a hablar. Ya que tengo claro lo que me emociona de éste, es que decido escribir la historia, el ejemplo más obvio fue Sin dejar huella (Entrevista para Escritores del Cine Mexicano Sonoro).

Esta cinta fue reconocida como la Mejor película latinoamericana en el Festival Sundance, (2001). Recibió los premios del público en la Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara y en el Festival Latino de Los Ángeles. Además de estuvo nominada al Ariel (2002) en la categoría Mejor Guión Original.

En todas mis películas he intentado recuperar una tradición muy del cine mexicano de la época de los años cuarenta, donde siempre se usaba música popular para narrar la película, incluso las letras de las canciones jugaban un papel importante dentro de la historia que se estaba contando. Es una tradición que yo he retomado y que en todas mis películas utilizo (Presentó María Novaro en España su largometraje Sin dejar huella. Ob. Cit. P.10A)

Finalmente, María Novaro considera que el guión cinematográfico no es una forma de literatura, ya que no tiene vida en sí mismo. El guión no tiene sentido si no es filmado, (...) nadie lo considera un género literario porque no tiene vida como obra literaria. Sí le doy un valor porque sé lo difícil que es escribir un buen guión y lo placentero que puede ser leerlo, pero un guión que no es filmado no existe propiamente.

Mi hermana [Beatriz Novaro] dice que escribir guiones es como el trabajo doméstico que en el cine es un trabajo invisible, no remunerado, no valorado, no reconocido, no premiado. Es un trabajo que alguien hace, que es muy arduo pero que nadie valora.

Sin embargo considera que la escritura del guión es la etapa más placentera del proceso de creación por ser la más independiente, es cuando se es más libre, no se tiene ataduras, está todo por hacerse, es un enorme placer escribir el guión (Entrevista para Escritores del Cine Mexicano Sonoro).

Incursionó en la docencia como maestra en el CUEC y, a partir del año 2000, impartió Realización Cinematográfica en el CCC. Filmó el segmento Santa/Cuando comenzamos a hablar de la cinta Enredando sombras (1997), proyecto coordinado por el cineasta cubano Julio García Espinosa. Continuó con Sin dejar huella (2000), un road movie protagonizado por Tiaré Scanda y Aitiana Sánchez-Gijón, en el que dos mujeres, huyendo por distintas razones, coincidían en su camino y atravesaban el país de norte a sur, de Ciudad Juárez a Quintana Roo. La cinta obtuvo en 2001 el Premio del Público en la Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara y el premio OCIC; además, fue reconocida como Mejor Producción Latinoamericana en el Festival Sundance y galardonada con el Premio del Público en el Festival Latino de Los Ángeles. El filme fue nominado a cinco categorías en los Premios Ariel 2002, ganando por Mejor fotografía (Serguei Saldivar Tanaka) y Mejores Efectos Especiales (Alejandro Vázquez).

Dirigió los cortometrajes en 35mm La morena (2005), que obtuvo Mención Especial del Jurado en el Festival de Huesca, y Traducción simultánea (2006), con Damián Alcázar. Debutó como productora con Quemar las naves (Francisco Franco. 2007), coproducida con Laura Imperiale.

Regresó al largometraje con Las buenas hierbas (2008), donde asumió los roles de directora, guionista y productora. La cinta, basada en la historia de su madre, abordó la enfermedad de Alzheimer a través de la relación entre una joven mujer y su madre, una reconocida etnobotánica. Fue filmada en su casa en la Ciudad de México con un equipo conformado por alumnos y exalumnos del CCC y se mantuvo en cartelera durante un año en siete ciudades de Japón.

Inspirada en la experiencia con sus nietos, regresó a la dirección con Tesoros (2017), un filme infantil de aventuras del que también fue productora y editora. Rodada en la Costa Grande de Guerrero, la historia sigue a un grupo de niños que, con el sueño de encontrar un tesoro del pirata Francis Drake, exploran la biodiversidad y los recursos del país. La película, realizada con apoyo de FOPROCINE y EFICINE, se estrenó en la Berlinale y en México en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Obtuvo premios en Brasil, China, Cuba, Seattle, Valencia y San Diego, además del Premio Save the Children (2018). La filmación ocurrió poco después de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, a quienes Novaro dedicó la película, particularmente a los maestros rurales. El rodaje duró cinco semanas y representó un reto al trabajar con niños de diversas edades, sin memorización ni ensayos.

Entre sus reconocimientos se encuentran la Beca Rockefeller-MacArthur (1992-93), la Beca Gateways (2003) y la Beca Guggenheim (2005). Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores en varios periodos, así como de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences (USA), la Academia de Cine de España y la AMACC en México. se realizaron retrospectivas de su obra en Casa de América, Madrid (2010), y se le rindió homenaje en el Festival de Monterrey (2009). Compartió una muestra retrospectiva con Werner Herzog y Apichatpong Weerasethakul en el Festival de Cine en Kerala, India (2010), y recibió el reconocimiento MUSA otorgado por Mujeres en el Cine y la Televisión A.C. en el Festival Internacional de Cine Guanajuato (2013).

El 1 de diciembre de 2018, asumió la dirección del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), tras ser designada por Alejandra Frausto Guerrero, secretaría de Cultura en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Durante su gestión, impulsó diversas iniciativas para el cine mexicano, buscando descentralizar la producción y fomentar el acceso a audiencias más amplias. El 24 de septiembre de 2024, la presidenta de México Claudia Sheinbaum nombró a la productora y directora Daniela Alatorre Benard como nueva directora general de IMCINE, en sustitución de María Novaro.